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Salmo 44:3 "Porque no fue su espada la que conquistó la tierra ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas." El salmista reconoce que ni el poder ni la astucia humana fueron responsables de la conquista de la Tierra Prometida. La victoria fue un acto de gracia, un regalo dado que viene enteramente del poder de Dios. Así fue en el pasado y así es y será. Su gran deseo es el de renovar y bendecir tanto a Su pueblo como a las generaciones futuras. Él promete derramar Su Espíritu sobre aquellos que están espiritualmente secos, alejados, distantes, con temor, con defectos, y con dudas, trayendo vida, bendición y transformación, así caigamos mil veces. Si Dios ha sido fiel en el pasado, podemos confiar en Su fidelidad en el presente. Él nunca cambiará. Gracias, Gracias, Gracias Dios por ello. Ayúdanos a levantarnos cuando caigamos, y rescátanos cuando queramos salir corriendo. Te lo pido de todo corazón. ¡Amen! Con cariño para todos. -Adry Victoria. |
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